Sunday, July 16, 2006

Ideas para el desarrollo


En qué minuto la profesión de abogado ya no fue atractiva para una gran mayoría de personas que hacen serios esfuerzos por subsistir, es algo que todavía no se ha analizado seriamente. Anticipo una teoría: creo que el primer golpe vino de la profusión de escuelas de Derecho, muchas de ellas de tres cuartos y un repique, que han sobrepoblado la oferta profesional. ¿Por qué nadie reaccionó? Seguramente el individualismo extremo que caracteriza a la profesión sirvió de aliciente para que la gran mayoría hiciera oídos sordos a una realidad que terminó por desbordarse.

Pero aun cuando falta trabajo, convivimos con realidades tan contradictorias como la falta de jueces. Es difícil entender el asunto, salvo sosteniendo que la Academia Judicial no gradúa en número suficiente a los potenciales candidatos. ¿Y por qué no pensar que en el ejercicio libre hay personas que pueden “dar el ancho”, como se dice ahora, para ejercer tales funciones? Después de todo estamos en pleno proceso de migración desde un sistema escrito a otro oral y público en todas las áreas del derecho, por lo que el fenómeno que se da en los Tribunales de Familia bien podría repetirse de no mediar elementos correctivos.

Pero la ausencia de jueces no parece ser el único problema, porque para que los procesos funcionen, también es necesario contar con abogados especializados por área, al menos en las generaciones más recientes. Una de las fortalezas del sistema penal es que se cuenta con intervinientes que fueron preparados arduamente para las tareas de defensa, acusación y juzgamiento; lo que parte, por ejemplo, por evitar los tiempos muertos de quien llega a un juzgado sin tener idea del tema, sin asistencia letrada, y debe ser orientado ahí mismo incluso por el juez en un proceso que incluye, más encima, la necesaria reflexión acerca de lo recomendable o no de la solución propuesta.

El mercado, a priori, jamás va a regular exitosamente la oferta profesional, porque hoy el número de abogados es simplemente un exceso desbordado. No podemos esperar que alguien intervenga en términos de oferta, pero sí se pueden idear fórmulas que avancen hacia la especialización y la ubicación de profesionales en áreas sensibles que hoy esperan contar con asistencia letrada para destrabar y hacer funcionar. Supongamos que en un período razonable, incluso con apoyos oficiales, las universidades preparan mediante postgrados a un grupo importante de abogados especialistas para ejercer en las diversas áreas del derecho que se están implementando. Es lógico pensar que deberían ser absorbidos por el sistema, tal como ocurrió con la reforma penal.

Por eso es importante que para la reforma civil, laboral y tributaria existan, con la debida anticipación, instancias de preparación académica. Las mallas curriculares podrían contar en su elaboración con la participación del poder judicial, el Ministerio de Justicia y la comunidad académica. La creación de alianzas estratégicas entre lo público y lo privado puede solucionar muchos problemas de país, no sólo en el ámbito de la justicia. Después de todo, es una de las fórmulas para salir del subdesarrollo.

23 de abril de 2006

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