Los ideales de la belleza

Al menos en cuatro oportunidades se reunieron la Madre Teresa de Calcuta y Diana Spencer. De todos los encuentros hay registros gráficos. Recuerdo particularmente una fotografía donde aparecen tomadas de las manos, la esbelta princesa ataviada de un traje de dos piezas y la humilde servidora de los pobres, ya encorvada, con su hábito blanco coronado por unas líneas azules en la capucha. Una con impecable maquillaje; la otra con las arrugas surcando su rostro, como si todas las miserias del mundo hubieran pasado por sus ojos. Una representaba la belleza y el poder, como el personaje de moda que acaparaba las portadas de las revistas; la otra apenas alcanzaba unos centímetros bajo el hombro de la princesa, con un aspecto tan humilde como la manzanilla o el mantel en la mesa de los pobres.
Curiosamente, ambas murieron en fechas cercanas, la princesa el 31 de agosto y la Madre Teresa seis días después, en las vísperas de una misa que había preparado para rezar por el alma de Lady Diana. Por cierto, son historias muy diferentes, que se entrecruzaron con algunos encuentros publicitados por la prensa, pero aquellas fotografías de los encuentros me han asaltado como fantasmas a propósito de la noticia de la muerte de una modelo uruguaya, que se desplomó cuando participaba en un desfile de modas, y respecto de la cual se han tejido variadas historias con un nexo común: hacía varios días que no comía y llevaba una muy estricta dieta para mantenerse delgada.
En el mundo que nos toca vivir, la belleza se ha convertido en una necesidad de primer grado. Lo externo, cuántos kilos de más o menos puedas lucir, puede ser la diferencia entre el éxito o el fracaso. El mundo de la moda, por ejemplo, no acepta la gordura y menos la vejez. Es curioso cuántas noticias recibo de que la hija de fulanitos está anoréxica, o la nieta de zutanitos se niega a comer, e ingiere agua todo el día. Aquellas niñitas persiguen el ideal femenino de los medios, que impone curiosas costumbres humanas. Puede resultar cruel decir que no hay mucha diferencia entre la hambruna de los etíopes y algunas prácticas para lograr el éxito en el trabajo o en la publicidad, pero es cierto.
Es curioso cómo ha cambiado el ideal femenino con el paso del tiempo. Basta ver la historia del arte: los cuadros de Rubens en el siglo XVI y de Rembrandt en el siglo XVII muestran una belleza humana muy diferente a la de nuestros días. Si por alguna razón aquellas fotografías de los encuentros entre la Madre Teresa y Lady Di resultaban tan curiosas, es porque se adivinaban dos mundos, dos conceptos muy diferentes. La religiosa representaba la belleza de los actos humanos plagados de solidaridad, respeto por el que sufre, amor al prójimo, misericordia, entrega total por los demás. Y no es que la belleza o la juventud no sean importantes; muy por el contrario, se trata más bien de hacer notar cómo en un mundo donde muchos mueren de hambre porque no tienen qué comer, otros seres humanos insertos en la opulencia y el éxito no comen y mueren porque es la única forma de ser aceptados socialmente.
6 de agosto de 2006





















