Sunday, August 06, 2006

Los ideales de la belleza


Al menos en cuatro oportunidades se reunieron la Madre Teresa de Calcuta y Diana Spencer. De todos los encuentros hay registros gráficos. Recuerdo particularmente una fotografía donde aparecen tomadas de las manos, la esbelta princesa ataviada de un traje de dos piezas y la humilde servidora de los pobres, ya encorvada, con su hábito blanco coronado por unas líneas azules en la capucha. Una con impecable maquillaje; la otra con las arrugas surcando su rostro, como si todas las miserias del mundo hubieran pasado por sus ojos. Una representaba la belleza y el poder, como el personaje de moda que acaparaba las portadas de las revistas; la otra apenas alcanzaba unos centímetros bajo el hombro de la princesa, con un aspecto tan humilde como la manzanilla o el mantel en la mesa de los pobres.

Curiosamente, ambas murieron en fechas cercanas, la princesa el 31 de agosto y la Madre Teresa seis días después, en las vísperas de una misa que había preparado para rezar por el alma de Lady Diana. Por cierto, son historias muy diferentes, que se entrecruzaron con algunos encuentros publicitados por la prensa, pero aquellas fotografías de los encuentros me han asaltado como fantasmas a propósito de la noticia de la muerte de una modelo uruguaya, que se desplomó cuando participaba en un desfile de modas, y respecto de la cual se han tejido variadas historias con un nexo común: hacía varios días que no comía y llevaba una muy estricta dieta para mantenerse delgada.

En el mundo que nos toca vivir, la belleza se ha convertido en una necesidad de primer grado. Lo externo, cuántos kilos de más o menos puedas lucir, puede ser la diferencia entre el éxito o el fracaso. El mundo de la moda, por ejemplo, no acepta la gordura y menos la vejez. Es curioso cuántas noticias recibo de que la hija de fulanitos está anoréxica, o la nieta de zutanitos se niega a comer, e ingiere agua todo el día. Aquellas niñitas persiguen el ideal femenino de los medios, que impone curiosas costumbres humanas. Puede resultar cruel decir que no hay mucha diferencia entre la hambruna de los etíopes y algunas prácticas para lograr el éxito en el trabajo o en la publicidad, pero es cierto.

Es curioso cómo ha cambiado el ideal femenino con el paso del tiempo. Basta ver la historia del arte: los cuadros de Rubens en el siglo XVI y de Rembrandt en el siglo XVII muestran una belleza humana muy diferente a la de nuestros días. Si por alguna razón aquellas fotografías de los encuentros entre la Madre Teresa y Lady Di resultaban tan curiosas, es porque se adivinaban dos mundos, dos conceptos muy diferentes. La religiosa representaba la belleza de los actos humanos plagados de solidaridad, respeto por el que sufre, amor al prójimo, misericordia, entrega total por los demás. Y no es que la belleza o la juventud no sean importantes; muy por el contrario, se trata más bien de hacer notar cómo en un mundo donde muchos mueren de hambre porque no tienen qué comer, otros seres humanos insertos en la opulencia y el éxito no comen y mueren porque es la única forma de ser aceptados socialmente.

6 de agosto de 2006

Sunday, July 30, 2006

Sábato, Madagascar y la amistad


En familia vimos nuevamente “Madagascar”, aquella maravillosa producción de “Dreamworks”, que cuenta la huida de Alex el león, Marty la cebra, Melman la jirafa y Gloria la hipopótamo, más un grupo de disparatados pingüinos, desde la cómoda posición de un zoológico neoyorkino a la verdadera selva.

Coincidió con mi lectura de “La resistencia”, uno de los ensayos más notables de Ernesto Sábato, sobre el mundo que nos toca vivir. ¿Dónde se juntaron las aventuras del grupo de animalejos y las ideas del escritor argentino? En la amistad. Aquel valor tan escaso que mezcla lealtades y afectos, versus aquello que Sábato llama el individualismo, la incomunicación y la competencia feroz. Por cierto que para los fugados era cómodo el zoológico, y Alex es el personaje más interesante del argumento.

Luego de ser la estrella, se ve enfrentado a la dura realidad de sobrevivir en un ambiente que jamás conoció, pero al que pertenece por naturaleza. En medio de aquel hambre, frío y desamparo, crece su escondido instinto de animal carnívoro, viendo a la cebra, su gran amigo, como un verdadero y jugoso bistec. Por ello, parte de la película transcurre entre los mordiscos de Alex a Melman y la toma de conciencia del felino de que no puede comerse a su amigo. Notable aquella escena cuando decide encerrarse en una cueva rodeada de filosas estacas, para no hacer daño a la cebra, y ésta le va a buscar, simplemente porque es su amigo.

¿Cuánto espacio existe hoy para esa amistad? Me refiero a la desinteresada, esa que no busca ventajas y que no ve a las personas como peldaños, sino simplemente como seres humanos. En “La resistencia”, el viejo Sábato golpea la mesa con rabia contenida, exige un mundo más humano y el destierro de la malsana competencia, esa que mata a la amistad. “Es indudable que genera, en algunas personas, un mayor rendimiento basado en el deseo de triunfar sobre las demás. Pero no debemos equivocarnos, la competencia es una guerra no armada, y al igual que aquella, tiene como base un individualismo que nos separa de los demás, contra quienes combatimos”, sentencia.

En aquella historia de animales, el león con sus mordiscos a la cebra representa la amistad olvidada, y la historia termina precisamente cuando comprende que no hay nada que amenace más la existencia de una comunidad que olvidar los valores de siempre y sobrevivir a costa de los demás, aquello que Sábato concluye con extraordinaria maestría en su ensayo.

Me gustaría creer, como Toynbee, que la historia es cíclica, y que una y otra vez habrá lugar para humanizar la sociedad, espacio para relaciones de amistad sólidas y duraderas, para la sana competencia que no envidia al otro. Entre tanta tecnología, bajo la montaña inmisericorde de información que nos rodea, el espíritu humano debe ser capaz de rescatar los ideales de siempre. Si sabemos ver con atención, una película de monos animados y un escrito de un destacado intelectual pueden contener la información que, cruzada con alguna pausa, nos devuelva las claves para rescatar cuestiones que es urgente preservar en la jungla que nos toca sobrevivir.

30 de julio de 2006

Monday, July 24, 2006

Historias de infinita generosidad


El heroísmo está presente de muchas formas en nuestra vida cotidiana, pero es en las catástrofes cuando el temple de algunos elegidos sobresale por sobre el común de las personas. Luego del 11 de septiembre, el talentoso Oliver Stone puso en su obra la historia de personas comunes enfrentadas a situaciones límite. World Trade Center es el relato fílmico de las dos últimas personas rescatadas con vida desde los escombros: Will Jimeno y John McLoughlin, miembros del Departamento de Policía de Port Authority, quienes quedaron atrapados bajo las ruinas unas 12 horas sin poder verse, pero comunicándose verbalmente. Fueron rescatados por otro grupo de héroes, los bomberos y paramédicos que estuvieron horas y horas intentando encontrar sobrevivientes, mientras el mundo intentaba comprender lo ocurrido.

En relación al filme, el productor Michael Shamberg declaró en una entrevista que “la historia de John McLoughlin y Will Jimeno y toda la gente que ayudó a rescatarlos no es la única de aquel 11/9, pero es la historia que revela un tema mucho más importante, que es cómo en aquel día tan trágico como terrible a la gente no le faltó bondad ni fortaleza, ayudándose entre sí, con gran riesgo personal”.

Difícil no creer que el heroísmo es consustancial al ser humano, cuando hace pocos días presenciamos que un grupo de bomberos pereció mientras socorría a una familia en situación de riesgo en la ladera de un cerro en Chiguayante. Impactaron aquellas imágenes de familiares que, junto al dolor de perder a sus seres queridos, estaban conscientes que era un riesgo asumido por el honor de servir a los demás, en una actividad que ni siquiera es remunerada y que ya por más de cien años forma parte de la historia de orgullo del país. Y qué decir de los dos carabineros que fueron arrastrados por el caudal del río Teno, sin más que un radiopatrullas y sus vestimentas de siempre, abrazados y conscientes de la muerte por el mero cumplimiento del deber. Vea usted como acá, lejos de Nueva York, en un país azotado como una rama al viento, también ocurren historias de heroísmo, que con el tiempo se pierden porque nadie las recoge para la memoria colectiva. Probablemente, nos hemos acostumbrado a que cada cierto tiempo la naturaleza suelte toda su fuerza destructora como un inesperado apocalipsis, y a que los héroes de siempre vuelvan al rescate sin importar ideologías, posiciones sociales, sino solamente el valor de la vida y el bienestar colectivo.

Los norteamericanos pertenecen a una sociedad satisfecha de bienes materiales, y aún hay lugar para el heroísmo; la nuestra es una realidad llena de carencias, donde aquel mismo noble sentimiento lo encontramos como parte del paisaje, pegado a la piel. A propósito de estos acontecimientos, le pregunté a un amigo bombero:
-¿Y qué pasa si te mueres en un incendio?
-Creo que hay un seguro, pero no sé cuál es su monto.
-Pero, ¿es que no te interesa saber cómo estás de protegido?
-No, es que lo importante es ser bombero.
Oliver Stone: deberías venir a buscar historias de heroísmo a nuestras tierras.

23 de julio de 2006

Sunday, July 16, 2006

Terry versus Terri


Fue el 13 de julio de 1984, en Arkansas, Estados Unidos, cuando Terry Wallis se despidió de su esposa y de su hija de seis meses y se encaramó a su camioneta junto a un amigo. Durante el trayecto sufrió un accidente que le precipitó de tumbo en tumbo unos ocho metros. Recién fue encontrado al día siguiente, en estado de coma, producto del severo daño neurológico. Su amigo no sobrevivió.

Terry fue trasladado al hospital y permaneció inconsciente hasta este año. Un tiempo muy largo, sin duda. A diferencia de otros casos, no hubo debate sobre una posible eutanasia, simplemente la familia prefirió mantenerle con vida rodeándolo de cariño, esperanzada en un gesto, algún guiño, un tic, un suspiro, aun cuando no tenía comunicación alguna con el mundo exterior. Pero, el 12 de junio recién pasado, mientras Terry Wallis permanecía postrado en su cama del Stone City County Nursing Rehabilitation Center, de pronto despertó. La enfermera le preguntó quien estaba ahí, Terry exclamó “mamá”, y luego pronunció un par de palabras, entre ellas el nombre de una popular gaseosa, para luego preguntar si aún Ronald Reagan gobernaba los Estados Unidos.

Terry no sabe quién es George W. Bush, ni Bin Laden, e ignora que cayó el muro de Berlín o que ya no existen esas inmensas torres orgullo de Nueva York. El dice que no recuerda nada, que todo fue como dormirse, no soñar nada y luego despertar.Imagine una noche cualquiera en la que como todos los días se acuesta a dormir, y cuando despierta al día siguiente su hija de seis meses es ya un adulto. El asunto médico, que por cierto importa a todo criterio racional, explica que, al parecer, el cerebro de Terry se curó luego de todos estos años por algún mecanismo que no están del todo seguros poder explicar con certeza.

Imposible no recordar a Terri Schiavo y la agria disputa judicial que terminó con una sentencia judicial que autorizó desconectarla de la sonda que le mantenía con vida, en una decisión que incluso llegó a la Corte Suprema y al Congreso. Schiavo permaneció 15 años en estado vegetativo, menos que Wallis. Este último tuvo el apoyo incondicional de su familia, Schiavo fue objeto de un duro enfrentamiento entre su ex esposo, quien quería la eutanasia, y sus padres, que se oponían a quitarle la vida. El caso Schiavo ocupó titulares a lo largo y ancho del mundo; el de Wallis ha pasado casi desapercibido, catalogado como “increíble” o simplemente como un “despertar”.

En el debate, si es que hay alguno, quizás se dirá que lo de Terri Schiavo era irreversible y lo de Terry Wallis esperable; o que simplemente ese no es el punto, sino algo más sencillo, como que hay derecho a una “muerte digna”; en el peor de los casos, alguien podría argumentar que uno no es ninguno. En fin, se puede seguir pensando que el estado tiene derecho a matar. Pero hay una realidad ineludible, ahí está Terry Wallis, rodeado del cariño incondicional de su familia, que nunca le abandonó y que de seguro le estará contando todas aquellas historias que se perdió durante su largo sueño.

16 de julio de 2006

Una de superhéroes


No hace muchos años, en el sur no existía la TV, los pesados armatostes en blanco y negro con grandes antenas montadas sobre varas de eucalipto recibían débiles señales donde la imaginación hacía un esfuerzo importante por distinguir las formas. A veces los programas sólo se podían oír. Me refiero a los pueblos pequeños, como aquél donde crecí.

La alternativa a la imaginación infantil eran las revistas de cómic; la gran mayoría de editoriales que, si mal no recuerdo, eran mexicanas. Tarzán, Superman, Batman, Fantomas, Mandrake, El Llanero Solitario, El Hombre Araña y un largo etcétera, donde el denominador común era el héroe plagado de virtudes que luchaba contra el mal. Si me apuran un poco, recuerdo revistas de aventuras aún más antiguas, ambientadas en la Segunda Guerra Mundial, como Guerra, U-2 y el inolvidable Espía 13.

Como no existían los kioscos a la manera de hoy, eran las librerías las encargadas de la venta de esos tesoros, que ordenadamente apilados esperaban compradores. Las tapas siempre se referían al episodio o la aventura que traían dentro, y recuerdo claramente que las ediciones de Superman siempre mostraban al héroe en una situación límite, cercado por algún enemigo, porque en el fondo ese era el gancho comercial para vender la revista.¿Podría Superman liberarse de las cadenas de kryptonita que le había puesto Lex Luthor?

Probablemente por ese fenómeno, la industria del cine ha explotado hábilmente muchas sagas de aquellos superhéroes. Hoy podemos ver al Hombre Araña volar por los aires, al Batimóvil surcar velozmente la Ciudad Gótica y, por cierto, al hombre de acero, cuya última película está anunciada en estreno para unos días más. Por cierto, en aquellos tesoros de papel, algunos de los cuales aún conservo, los efectos especiales eran grandes letras de "boom"; "paf"; "crash", pero vea usted como la magia de los efectos especiales nos muestra en pantalla gigante a esos mismos héroes salvando al mundo. Qué recuerdos más hermosos.¿Qué niño de aquellos tiempos no soñó alguna vez con salvar al mundo? ¿Cuantos ideales habrán surgido de la lectura de aquellas historietas, una tarde de invierno, tirado en el suelo al lado de la cocina a leña, mientras afuera llovía como si efectivamente hubiera llegado el fin del mundo?

Creo que el cine ha enriquecido infinitamente las posibilidades de entretener con las aventuras de aquellos superhéroes, pero cada cierto tiempo vuelvo a hojear aquellas revistas y a sentir el tacto del papel y a ver esos colores chillones y esos rostros extraordinariamente expresivos de los personajes, enfrentados en diálogos encerrados en globitos. Mientras la naturaleza humana pueble la tierra, siempre habrá necesidad de entretención, contadores de historias y niños esperando por ellas. Hoy es Harry Potter, Manolito Gafotas, la maravillosa resurrección de Las Crónicas de Narnia o del Señor de los Anillos. Por mi parte, por ahora sólo sé que "Superman regresa", y ahí estaré sentado en la sala de cine, esperando una vez más que el bien triunfe sobre el mal.

9 de julio de 2006

Algo más que perros y gatos


Dando una vuelta por el ciberespacio, me encontré -otra vez- con declaraciones de quienes se autoproclaman “neonazis”. El grupo éste que ha acaparado portadas del diario y reportajes en TV donde sus miembros aparecen haciendo el saludo de la Alemania hitleriana y gritando algo así como “viva Chile, viva Hitler”. La frase que los identifica es de antología y dice: “somos racistas porque un perro no se puede mezclar con un gato”.

Pero vamos por parte. Si algo he aprendido de los animales, es esa forma no racional de solidaridad y convivencia. Para comenzar, sólo matan en defensa propia o para comer. Aquellas imágenes de un tigre que derriba a una gacela, y que con tanta profusión se exhiben en el “Animal Planet”, no responden a crueldad. Le hacen pensar a uno que el felino en cuestión definitivamente no tiene la capacidad de ir a un restaurante y pedir derechamente un sándwich de gacela. Sin embargo, está claro que mata para alimentarse, porque tiene crías que alimentar, no por desadaptado.

El tema de los perros y los gatos da para largo; de hecho, cuando se encuentran, el gato se enoja y curva el lomo, mientras el perro se pone en posición de alerta y ladra; pero eso es cuando no se conocen. Aquella frase de que los perros y los gatos no se mezclan es una falacia. Los que viven bajo un mismo techo, a menudo hasta duermen juntos, y cada uno tiene su espacio. Los gatos odian los huesos, los perros no trepan a los tejados; o sea, cada uno en lo suyo, pueden vivir sin molestarse.

Respecto a eso de “viva Chile, viva Hitler”, si el “führer” nos hubiera invadido con su solución final, lo cierto es que ninguno de los niñitos que hoy enarbolan banderas nacionalsocialistas habría calificado más que para los hornos crematorios. ¿Raza aria pura en Chile?, o siquiera ¿una raza chilena? Para donde me doy vuelta, encuentro personas de las descendencias más variopintas, como corresponde a un país de inmigrantes.

Entonces, ¿qué es esta nueva moda de las casacas verdes, el pelo rapado y bototos militares? ¿Tribus urbanas, como se dice en lenguaje siútico? Simplemente jóvenes que, al parecer, se van convirtiendo en marginales; y que por alguna razón, ante la falta de ideas claras de convivencia democrática, de tolerancia y otras varias, asumen una posición tan equivocada como peligrosa. En efecto, su modo de relacionarse con otros grupos es la violencia; aunque por ahora ésta se desate con furia contra los “punks” -según vi en un canal de TV, derivada de ciertas discrepancias musicales; explicación que la verdad no entiendo-.

En la moderna sociedad que nos toca vivir, hay tantas formas de marginalidad que esto de los “neonazis” es un eslabón más, que hasta hoy sólo tiene una respuesta a través del sistema procesal, que ha juzgado y condenado algunos jóvenes por cometer crímenes. Como en otros casos, es la respuesta del Estado al final del proceso, que sanciona las consecuencias, pero no aborda las causas. ¿Educación? En cuestiones ideológicas es complicado. Todo no pasaría de anecdótico, si no es por los potenciales niveles de violencia que existen en este nuevo fenómeno social, que parece ser algo más que una moda de alto riesgo.

2 de julio de 2006

¿Vecinos invasores?


Ocurrió el 17 de junio: un pesado camión con frutas y verduras avanzaba lentamente hacia un control antidrogas de rutina en la frontera con el Perú. Grande fue la sorpresa de los policías cuando debajo de varias cajas descubrieron a un grupo de peruanos que intentaba pasar clandestinamente hacia Chile, en busca de mejores condiciones de trabajo. Habían cancelado el equivalente a 65 mil pesos para ser traídos como animales, con el riesgo de sufrir un accidente o morir aplastados por la carga.

Es lógico pensar que el incidente no es el primero ni será el último, y representa una lacerante realidad para la cual las autoridades no han tomado medidas concretas.Según estadísticas del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el año 2005 ingresaron alrededor de 131.000 peruanos a Chile. Una colonia numerosa, que incluso ha enarbolado la bandera de los derechos ciudadanos, como ocurrió el año 2004, cuando un grupo llegó a La Moneda con una carta para solicitar una “amnistía migratoria”.

El asunto es que muchos de ellos son indocumentados, no se les reconocen derechos laborales y su trabajo es mal pagado, lo que crea una mano de obra barata cercana a la esclavitud. Por lo mismo han surgido sitios en internet de grupos de dudoso origen que, con un discurso peligrosamente ultranacionalista, proponen la expulsión de este tipo de inmigrantes, a quienes ven como una amenaza para el desarrollo del país.

La inmigración es un fenómeno propio de un mundo global, donde las capas sociales más vulnerables buscan mejores condiciones socioeconómicas más allá de sus fronteras.Leí en un diario español que el fenómeno se ha desbordado, al punto que acusan a los recién llegados de formar bandas organizadas dedicadas al “robo en chalets”. Ello ha generado un debate donde no faltan quienes llaman a armarse hasta los dientes o derechamente detener la oleada de inmigrantes, fustigando al gobierno español de permisivo y a los tribunales de blandos en la aplicación de las penas a extranjeros que cometen delitos.

En Chile aún no existen problemas serios derivados de la inmigración, pero el incidente del camión de verduras humanas puede ser el primer signo público de una despreciable forma de tráfico de personas, similar a la que ocurre en la frontera de México con Estados Unidos. El peligro que encierra la inmigración ilegal es el caldo de cultivo para el ingreso de drogas, la trata de blancas, el tráfico de armas y todos aquellos delitos que surgen de fronteras vulnerables, y por cierto, del crimen organizado. Es de aquellas cuestiones que los chilenos “sólo vemos en las películas”, de las que “nunca pasarían en Chile”, pero que tarde o temprano pasan a formar parte del paisaje. ¿peruanos apilados como sandías, entrando indocumentados a Chile? Se ve que el gasto militar no necesariamente hace menos vulnerables nuestros límites.

25 de junio de 2006

Los pinguinos tristes


Es como si la felicidad se hubiera convertido en el tema de moda. Primero lo leí en una revista de actualidad, donde se analizaba extensamente “la felicidad en Chile”. Ahora se dio a conocer un estudio respecto a la “salud mental escolar”, que muestra una radiografía sobre los niños que van de los 7 a los 14 años. Los resultados son pavorosos: la mayoría de ellos, simplemente, no es feliz. Que la mitad de los encuestados haya manifestado síntomas depresivos y un 20 por ciento ideas suicidas en algún minuto de sus vidas no puede alegrarnos como sociedad. Por cierto, sólo se muestran datos duros, no se identifican causas, pero los resultados, según los expertos, “son coincidentes con las altas tasas de depresión que existen en el país”.

Llama la atención, por ejemplo, el alto número de niñitos que confiesa haber pasado por conductas de riesgo. El problema es que se trata de un sondeo aplicado a muchachitos en edad escolar, que viven insertos en una familia y no están considerados dentro de aquel amplio espectro de jóvenes infractores de ley. ¿Qué habría ocurrido al incluir aquéllos que se encuentran residiendo en centros de orientación u hogares de menores? No es fácil concluir que el porcentaje negativo sería aún mayor.

En Chile, el riesgo social de los menores no sólo va aparejado con situaciones de marginalidad, y tampoco tiene que ver exclusivamente con aquellos que tienen problemas con la justicia. Basta darse una vuelta un fin de semana por algún local de moda, a cualquier hora de la madrugada, para pensar que la primera causa de la infelicidad de muchos jóvenes es la falta de atención de sus progenitores. ¿De qué otra forma se explica la alta ingesta de alcohol, la violencia juvenil o el consumo de drogas? ¿Y cuál es el antídoto para tales conductas? No hay recetas mágicas, las soluciones parecen ser tan antiguas como el mundo mismo: relaciones parentales de confianza.

Muchos niños sólo quieren ser escuchados y atendidos: el equilibrio entre la autoridad y el cariño. En la medida que la familia es un buen nido desde donde crecer, se minimizan las posibilidades de que el imberbe, en pleno proceso de formación, quede a la deriva y de ahí a las conductas de riesgo. Los menores que delinquen son el extremo que nos demuestra que la ausencia de cariño, paterno o materno, es la raíz del problema.

Entre éstos y aquéllos, hay un sentimiento de abandono común. Y vuelta a los mismos problemas que enfrentamos como país, por un lado el exitismo global, marcado por cifras macroeconómicas ejemplares, y por otro la infelicidad del individuo común, que no da con la fórmula del bienestar. Ya no se trata solamente de mejorar la enseñanza. La “revolución de los pingüinos” no toca aquellos aspectos más sensibles de una juventud que al parecer no es feliz, y que comienza a padecer las patologías propias de una sociedad aparentemente opulenta, que no da el margen a la felicidad humana.

18 de junio de 2006

El ruido y las nueces


Cómo se desinfló el movimiento estudiantil es algo que jamás sabremos del todo. Lo único cierto es que los movimientos sociales como la “revolución de los pingüinos” tienen un período de desarrollo, un peak e inevitablemente se vienen al suelo. En la medida que sean capaces de alzarse en el tiempo, habrá resultados finales. Cuando todo comenzó, mucha gente sintió que venía un gran proceso de cambios, que por fin daría con un nuevo sistema educacional de calidad que permitiera superar la pobreza y dar movilidad social; pero luego de tres semanas de paros, marchas y tomas quedan demasiadas interrogantes para creer que se lograron cambios notables para mediano o largo plazo.

¿Qué modelo educacional se construirá para el futuro? ¿De qué forma se superará la brecha entre la educación pública y la particular? ¿Cómo se mejorará la calidad de los profesores? ¿Cuál será la posición del Estado frente a los sostenedores? ¿Qué redefiniciones habrá al derecho a la educación versus la libertad de enseñanza? ¿Cómo se testeará la calidad de la educación? No hay ninguna respuesta posible, sólo la creación de una comisión de algo así como 70 personas, tan variopinta como las opiniones sobre el conflicto. ¿Serán capaces de ponerse de acuerdo? Y lo más importante, ¿acaso no debería producirse ese debate en el parlamento, que por lo demás ha sido elegido precisamente para realizar las tareas asignadas a la comisión? Los escolares no serán los protagonistas de los cambios, si es que hay alguno. Quizás la falta de demandas concretas pudo ser uno de los problemas del movimiento. Así, por ejemplo, se plantearon “cambios a la Loce”; pero yo terminé preguntándome: ¿a qué aspectos de la Loce? Mejoras en la calidad de la educación, ¿a través de qué iniciativas? Cuando ya comenzaron las consignas contra el empresariado, y algunos liceos preferían pedir gimnasio nuevo, parece que todo comenzó a decaer.

Luego vino el vandalismo del lunes pasado, y los correteos con los carabineros, y ese fue el principio del fin. El pasado viernes el verdadero centro de interés de muchos escolares estuvo simplemente en el mundial de Alemania. Todo terminó en una confusión total. En un par de años estaremos nuevamente de lleno en la vorágine electoral, y quizá sea el momento de pasar revista a los cambios producidos, si es que hubo alguno.

¿Y los líderes del movimiento? Difícil pensar que alguno pueda sobrevivir. Con tendencias al cinco y algo como promedio de notas, y una de las dirigentes con casi un 50 por ciento de ausentismo, no es mucho lo que se puede esperar del futuro. Los voceros están muy lejos de personalidades como Escalona o Allamand en los setenta. A lo mejor serán políticos de futuro, pero luego de esta primera incursión, aun cuando ocupen lugares de dominancia, no creo que pesen demasiado. Mientras tanto, seguimos esperando una generación de relevo con ideas claras y acciones concretas.

11 de junio de 2006

Fin de la historia


Eventos muy graves deberían ocurrir, para que en la casa manden los niños. Y no cabe duda que en esta semana los que llevaron el pandero fueron esos niños que, a través de todo el país, marcaron la agenda pública con una larga lista de demandas. Impresiona verles plantearse con esa claridad que ya se quisieran muchos dirigentes políticos, con un arrastre propio de los grandes líderes.

¿Cómo es que este país exitoso, modelo de modelos, se encuentra de la noche a la mañana con esta rebelión de niños? En los últimos años, la clase política se ha visto cómoda, preocupada extraordinariamente del reparto del poder. El habitante común no tiene formas de participación ni de hacer oír su voz, ni siquiera a través del mundo sindical, que vive en la más completa agonía. Creo que factores como el exitismo desenfrenado, producto de cifras económicas expectantes, y una imagen complaciente de país terminaron por hartar a los niños. Ellos ni siquiera tienen noticia de la transición, poco les importa la historia, han plantado bandera en el futuro. Incluso el eslogan de “Chile la alegría ya viene” nada les dice. Son la generación del celular de prepago, del chat, de la explosión en las comunicaciones, y todo eso les ha llevado a creerse el cuento.

La rebelión de los pingüinos marca el fin de un ciclo histórico. Ellos no están para declaraciones semánticas. Saben que una nueva reforma constitucional, esta vez diciendo que la calidad de la educación es un derecho, no les cambiará la vida, y les importa un pito la constitución y sus añadidos, porque ellos son esencialmente pragmáticos. Lo quieren todo ahora, y no en términos de valores, sino de obras, es el triunfo del “cosismo”. Pasaje escolar y PSU gratis, llaves de agua que funcionen, mesas dignas para almorzar, techos que no goteen.

Finalmente es un asunto de platas, la agenda valórica del gobierno puede estar tranquila. Aquí no se juega la vida ni el aborto, ni la eutanasia, ni la regulación de las uniones del mismo sexo. El eslogan parece ser “me han convencido, somos un país exitoso, entonces denme la parte de la torta que me corresponde, o no habrá paz social”.

Por supuesto que no es normal que los niños manden en la casa, pero en el muy incierto panorama que hoy nos toca, sobrevivirán aquellos que tengan la visión para entender que hay que dar la vuelta a varias páginas. El movimiento social nos confirma que jamás iremos al desarrollo pleno si seguimos como estamos, en muchos aspectos partidos en dos. El país de la transición ha muerto, y me pregunto si la clase política será capaz de interpretar el nuevo país.

A los niños no los veo interesados en la eutanasia, ni en cómo gastar el dinero que se ahorró el Congreso con el fin de los senadores designados; ni siquiera les preocupa que Chile tenga un satélite en el espacio. Y consideremos que muchos de los que hoy huyen despavoridos de los carabineros, y saltan las rejas para tomarse sus colegios, muy pronto tendrán derecho a voto. Quizás lo único claro es que las relaciones de poder nunca más serán las mismas, y aquellos que interpreten mejor los cambios, y promuevan las soluciones, serán el futuro.

4 de junio de 2006

Sin cables


El mundo digital es una realidad que nos atrapa a diario y Chile, probablemente, es uno de los más exitosos experimentos de Latinoamérica en lo que a expansión de internet se refiere. Desde el gobierno se ha impulsado una política consistente en facilitar que el ciudadano común realice los trámites más importantes a través de la red, y en esa parte el Servicio de Impuestos Internos (SII) es uno de los ejemplos más notables. La expansión de los celulares también marca esta tendencia a crear redes de comunicaciones. A no dudarlo, en internet está toda la información que cualquier persona necesita para las actividades más cotidianas.

Esto de Wi-Fi o internet inalámbrica no es más que la posibilidad de conectarse sin cables y gratuitamente a la red. Las potencialidades del sistema son ilimitadas. Si pensamos que hoy es posible una telefonía paralela y sin costo a través de internet, es lógico pensar que muy pronto todas las llamadas podrían ser gratuitas, e incluso con video, si es que consideramos que la mayoría de los equipos soportan cámaras que trasladan la imagen a cualquier lugar del mundo.

Pero en esta tendencia existen dos problemas: el acceso limitado para grandes sectores sociales, por una cuestión geográfica y económica, y la urgente necesidad de avanzar en la alfabetización digital.

Una entidad llamada “sincables.cl” ha ideado una forma de ampliar la cobertura de las redes Wi-Fi mediante un ingenioso y muy económico sistema de antenas creadas con sartenes, ollas y tubos de PVC. Es una organización ciudadana absolutamente al margen del poder estatal, de aquellas que intentan dar satisfacción a las necesidades de la gente haciendo el uso más impecable del derecho de asociación, fundado en el principio de subsidiariedad del Estado. La Superintendencia de Telecomunicaciones dijo que se trata de una práctica ilegal, pero no de un delito.

La ley de Wi-Fi recién promulgada permite a las antenas un alcance de 50 metros, y estas ollas alcanzan hasta siete kilómetros. En consecuencia, sólo se exponen a que se les requisen los “equipos”, léase “ollas y sartenes sostenidas por tubos de PVC”.

Creo que la iniciativa merece ser apoyada, en cuanto soy partidario del más amplio fomento de la gratuidad y expansión de estas redes, en el entendido que sectores más desposeídos podrán beneficiarse de esta tecnología, por ejemplo permitiendo que familias de escasos recursos vean incrementadas las herramientas educacionales de sus hijos y tengan acceso a comunicaciones gratuitas. Es preferible a que el Estado regale enciclopedias o teléfonos a los más pobres, entendiendo que las comunicaciones y la educación son dos valores intangibles extraordinariamente eficaces para superar la pobreza. Por otra parte, me parece notable la capacidad de generar una “solución tecnológica” que nace de la inventiva de un grupo de particulares, que la comparte con todo el que la necesite. Si el negocio de las grandes compañías es la venta de tecnología, se ve que el ciudadano común está en condiciones de superar tales esquemas tendiendo a la movilidad social y la superación de la pobreza desde la base.

28 de mayo de 2006

¿Qué hacer?


“¿Y por qué sube tanto el valor del cobre?”. No supe responder, dije algo así como: “es que hay más demanda”, recordando mis clases de economía en el tercero medio del colegio de huasos brutos. “¿Y por qué hay más demanda?”. Le dije que alguien estaba usando más cobre que de costumbre; admito que fue un carril perfecto. “¿Y para qué usan más cobre?”. “Bueh... la verdad, no tengo idea”. Quizá algún amable lector me aclare el punto.

No tengo idea quién puede estar comprando más cobre y para qué oscuros fines. El asunto es que me ha dado vueltas por la cabeza eso de que el país no sabe qué hacer con los excedentes que genera, y no pude menos que recordar al guardia de seguridad que, viviendo en un modesto barrio, sacó un suculento premio y se fue del vecindario. Lo único que le oí es que no sabía bien qué hacer con tanto dinero. ¿Acaso de pronto nos hemos descubierto como un país modesto que no sabe qué hacer con la plata? ¿Y eso de la ministra de Defensa, que le podríamos prestar dinero a Haití? ¿Otro arranque de esos propios del humilde ganador del premio, que le da por compartir la torta con sus vecinos? A quien deba disponer del dinero, le propongo que antes de decidir se venga a Concepción -de incógnito por cierto-, arriende un vehículo -algo humilde, nada de cuatro por cuatro, sin mucho cromado- y se dé una vuelta por Boca Sur, Palomares, Barrio Norte, la Teniente Merino, y converse con la gente. Les pregunte qué les parecen las escuelas donde mandan a los chiquillos, cómo fue la última vez que los atendieron en el consultorio. Podría preguntarles a los abuelos cuánto ganan de pensión, si les alcanza para comprar los remedios. Indague cuántos hijos de esas familias llegan a la universidad; si pueden pagar una carrera, al menos técnica. Que les pregunte si tienen trabajo, cuántos ganan el sueldo mínimo y cómo son sus jornadas.

No necesitará mucho tiempo, le bastaría un día, a todo reventar dos, y llegará a conclusiones notables. Verá las necesidades de los humildes, esos que tampoco saben quién compra tanto cobre, y que en la tele pagada a 36 meses han visto que el país está ganando mucha plata y que no saben qué hacer con ella.

Porque lo peor que podría ocurrir en esta pasada de la prosperidad es perderse en comisiones, de aquellas a las que estamos tan acostumbrados en la historia nacional, esas de puertas cerradas y cabezas pensantes, que pueden estar extraordinariamente bien intencionadas, qué duda cabe, pero les falta el conocimiento práctico. ¿Sabe usted cuál es la mejor forma de conocer la pobreza? Acercarse a ella, pero de verdad, no a través de sesudos análisis de escritorio o academia, sino mirando a los ojos a los que tienen menos y descubriendo las causas contadas por ellos mismos.Es una oportunidad prodigiosa para comprender porqué tanto cabro se pierde en la pasta base, en la deserción escolar, y se hunde más en el círculo hermético de la pobreza. Pero no seamos tan exigentes, simplemente un paseo en auto, de incógnito, por Palomares, Barrio Norte, Boca Sur, la “Eme”, Candelaria y una conversa de igual a igual con sus habitantes bastarían para saber, perfectamente, qué hay que hacer con los “excedentes del cobre”.

21 de mayo de 2006

Un golpe de timón


Vi al diputado Jorge Burgos muy tarde en un programa de noticias, y me enteré de la rebelión de los parlamentarios de la Democracia Cristiana (DC) contra el proyecto presentado por dos del Partido Socialista (PS), que regulaba la eutanasia. La oposición se fundaba en que el asunto no estaba incluido en el programa de gobierno, pero escondía un abierto rechazo al tema. Escuché que si el asunto continuaba, habría censura a la mesa de la Cámara, incluso alguien dijo que se terminaba la Concertación, y me recordó aquellas palabras del diputado Jaime Mulet, quien señaló hace un tiempo que si se aprobaba el aborto, la DC se iba del gobierno.

No ha existido otro desacuerdo más profundo, y marca la primera vez que al interior del pacto existe una abierta oposición, que terminó cuando el PS señaló que el asunto no contaría con el apoyo del partido, relegándolo a una iniciativa personal, pero evidentemente habrá un antes y un después. Por una parte, deberíamos creer que la DC no está dispuesta a ceder ante temas valóricos, lo que marca un giro en las relaciones al interior del pacto.

Pero no hablemos de equilibrios en un sistema de alianzas, ni de oposiciones dentro de los pactos. Más bien se puede manifestar el deseo que el incidente sirva para que el gobierno ponga el acento en aquellos temas que aún están pendientes, y que en un período de exiguos cuatro años, dificultan mucho las soluciones. Chile no será más feliz si tenemos aborto, eutanasia o matrimonio entre personas de mismo sexo, sin embargo puede mejorar notablemente en aspectos sociales, como el mejoramiento de la calidad de la educación, o de las prestaciones de salud.

Continúa existiendo una gran brecha social que separa al país en dos sectores cuyas posibilidades de desarrollo son muy dispares. No somos Venezuela, a manos de un fenómeno mediático; ni Bolivia debatiéndose en la pobreza más espantosa; ni Perú eligiendo entre cementerio u hospital, pero en ese escenario, es muy fácil pensar que nuestra estabilidad es suficiente para dormirnos en los éxitos de estos años.

¿Cuales deberían ser las prioridades? trabajar por conjurar los signos que últimamente ensombrecen el futuro, como el descontento estudiantil que se ha traducido en múltiples protestas; el problema mapuche, con huelgas de hambre de por medio; las graves fluctuaciones del precio de los combustibles y la futura crisis energética; la materialización de los proyectos inconclusos del pasado gobierno; las urgentes tareas del sector justicia, en materia de tribunales de familia o la ley de responsabilidad juvenil.

En fin, si repasamos los primeros meses del actual gobierno, vemos un conjunto de tareas que explotaron de improviso y para las cuales el tiempo que queda antes del próximo período es breve, muy breve, y requiere importantes niveles de acuerdo, no sólo al interior de los partidos de gobierno, sino también con la oposición. Por eso es probable que la pequeña rebelión de la DC sea un golpe de timón para una nave que necesita avanzar en un mar que se ve encrespado, y cuyo tiempo para llegar a destino es extraordinariamente breve.

14 de mayo de 2006

La rendición de lo fundamental


Los derechos humanos, o las garantías individuales, son anteriores al Estado y, como tales, cuando éste los recoge en una Constitución no los “crea”, sino que simplemente los “reconoce”. Y por cierto que deben ser asegurados a “todas las personas”, porque en un estado de derecho no puede haber diferencias a la hora de reconocer una garantía, ni el sexo, ni la raza ni la posición social: no hay personas más dignas de respeto unas que otras. Uno de los libros que me ha aclarado algunas cosas es el “Manual de juicios justos” de la organización Amnistía Internacional, que está impregnado de ideas, principios y citas a la jurisprudencia internacional emanada de la Corte Interamericana de Derechos Humanos del Tribunal Europeo.

Siempre tuve la impresión que en esa entidad no había rendiciones a la hora de defender derechos. Sin embargo, esa idea cambió radicalmente: por primera vez Amnistía Internacional bajó la bandera de una manera estrepitosa. Sus líderes se propusieron como una de las tareas en todo el mundo promover el derecho al aborto. Han cambiado una posición que hasta ahora señalaba otra doctrina: “Amnistía Internacional no se pronuncia acerca de si las mujeres tienen o no derecho a interrumpir embarazos no deseados. La legislación internacional sobre derechos humanos no incluye ningún derecho al aborto generalmente aceptado”. Y precisamente los tratados internacionales reconocen el derecho a la vida. Vea usted cómo la propia Constitución chilena parte reconociendo el derecho a la vida, en el primer número del artículo que consagra las garantías, agregando que la ley protege la vida del que está por nacer.

Leo la página 141 del Manual de Juicio Justo: “Amnistía Internacional se opone a la pena de muerte en todos los casos por considerarla la forma más extrema de pena cruel, inhumana o degradante y una violación del derecho a la vida. La tortura y otros tratos o penas crueles inhumanos o degradantes están absolutamente prohibidos en todo momento y en toda circunstancia”. ¿Cómo podría Amnistía Internacional compatibilizar posiciones tan contradictorias como el rechazo a la pena de muerte y la legitimación del aborto? Siempre he creído que aún ante la mera duda de violación de un derecho humano, el Estado debe abstenerse de ejecutar conductas que signifiquen un atentado a la dignidad humana. ¿Cómo podría Amnistía Internacional oponerse al pisoteo del ser humano por algunos estados, si al mismo tiempo alienta el aborto como un derecho que el Estado debe asegurar? Las instituciones son creaciones humanas, y quien las dirige puede equivocarse, especialmente cuando es vulnerable al cambio de los vientos y no tiene el cimiento suficiente para mantenerse firme en lo fundamental. Es difícil creer en instituciones que se desdibujan de manera tan radical.

7 de mayo de 2006

La ciencia se equivoca


La genética molecular fue uno de los grandes avances del siglo XX, y con esa espectacularidad que a veces nos da la ciencia, todo el mundo comenzó a hablar del ADN, ese código único que se encuentra en las células y permite la identificación de personas. La aplicación de tales conocimientos ha revolucionado el ámbito legal y hoy es normal que para determinar paternidades o comprobar delitos se recurra al examen: a través de él se sabe si una persona estuvo en el sitio del suceso o dejó vestigios de su código genético en la víctima.

Nosotros comenzamos a oír del tema en casos como el juzgamiento de O.J. Simpson, y actualmente es la base para la descarnada discusión en torno a los errores en la identificación de los restos humanos encontrados en el Patio 29 del Cementerio General de Santiago.

Existe un profundo error en atribuir infalibilidad a la ciencia. Deslumbrados por los avances, a menudo perdemos la perspectiva de que finalmente se trata de elaboraciones humanas, que bien pueden equivocarse en su ejecución. Pruebas tan delicadas como la identificación por ADN están siempre expuestas a fracasar, por factores tan relevantes como la contaminación, el mal manejo de las muestras o, simplemente, una inadecuada recolección, conservación o envío. Basta dar una vuelta en internet, por el sitio de “Innocent Project”, el programa liderado por los profesores norteamericanos Scheck y Neufeld, para concluir que en numerosas ocasiones los tribunales han recibido pruebas erróneas y condenado a inocentes, por creer de manera ciega en pruebas de ADN mal ejecutadas, con pena de muerte de por medio.

Cuestiones tan simples como la utilización de diversos recipientes para cada hallazgo, guantes estériles en cada levantamiento, cadena de frío permanente, incluso un etiquetado correcto, se convierten en factores de vida o muerte para una prueba exitosa. Y, por cierto, las cadenas de custodia, es decir la relación de las personas, lugares y procedimientos efectuados, son las únicas formas de asegurar que no se han cometido errores.

El suceso del Patio 29 tendrá múltiples proyecciones en el mundo político, pero también es una seria muestra de que la ciencia forense, esa que algunos norteamericanos llaman “junk science”, es extraordinariamente falible, y que no se puede creer, así de buenas a primeras, en un examen de laboratorio porque lo firma un experto. La ciudadanía ha despertado de una manera brutal a la posibilidad que existan errores judiciales, producto de evidencia tratada científicamente.

Por otra parte, lo forense sigue siendo el pariente pobre de la medicina, por lo que tarde o temprano el país deberá plantearse la creación de organismos especializados en la formación de peritos expertos. De tomarnos en serio estas cuestiones probablemente depende la libertad de muchos que son llevados ante el sistema judicial, como también los dolores de un grupo importante de personas que han visto cómo los errores de la ciencia han dado por tierra con sus sentimientos más humanos y profundos.

30 de abril de 2006

Ideas para el desarrollo


En qué minuto la profesión de abogado ya no fue atractiva para una gran mayoría de personas que hacen serios esfuerzos por subsistir, es algo que todavía no se ha analizado seriamente. Anticipo una teoría: creo que el primer golpe vino de la profusión de escuelas de Derecho, muchas de ellas de tres cuartos y un repique, que han sobrepoblado la oferta profesional. ¿Por qué nadie reaccionó? Seguramente el individualismo extremo que caracteriza a la profesión sirvió de aliciente para que la gran mayoría hiciera oídos sordos a una realidad que terminó por desbordarse.

Pero aun cuando falta trabajo, convivimos con realidades tan contradictorias como la falta de jueces. Es difícil entender el asunto, salvo sosteniendo que la Academia Judicial no gradúa en número suficiente a los potenciales candidatos. ¿Y por qué no pensar que en el ejercicio libre hay personas que pueden “dar el ancho”, como se dice ahora, para ejercer tales funciones? Después de todo estamos en pleno proceso de migración desde un sistema escrito a otro oral y público en todas las áreas del derecho, por lo que el fenómeno que se da en los Tribunales de Familia bien podría repetirse de no mediar elementos correctivos.

Pero la ausencia de jueces no parece ser el único problema, porque para que los procesos funcionen, también es necesario contar con abogados especializados por área, al menos en las generaciones más recientes. Una de las fortalezas del sistema penal es que se cuenta con intervinientes que fueron preparados arduamente para las tareas de defensa, acusación y juzgamiento; lo que parte, por ejemplo, por evitar los tiempos muertos de quien llega a un juzgado sin tener idea del tema, sin asistencia letrada, y debe ser orientado ahí mismo incluso por el juez en un proceso que incluye, más encima, la necesaria reflexión acerca de lo recomendable o no de la solución propuesta.

El mercado, a priori, jamás va a regular exitosamente la oferta profesional, porque hoy el número de abogados es simplemente un exceso desbordado. No podemos esperar que alguien intervenga en términos de oferta, pero sí se pueden idear fórmulas que avancen hacia la especialización y la ubicación de profesionales en áreas sensibles que hoy esperan contar con asistencia letrada para destrabar y hacer funcionar. Supongamos que en un período razonable, incluso con apoyos oficiales, las universidades preparan mediante postgrados a un grupo importante de abogados especialistas para ejercer en las diversas áreas del derecho que se están implementando. Es lógico pensar que deberían ser absorbidos por el sistema, tal como ocurrió con la reforma penal.

Por eso es importante que para la reforma civil, laboral y tributaria existan, con la debida anticipación, instancias de preparación académica. Las mallas curriculares podrían contar en su elaboración con la participación del poder judicial, el Ministerio de Justicia y la comunidad académica. La creación de alianzas estratégicas entre lo público y lo privado puede solucionar muchos problemas de país, no sólo en el ámbito de la justicia. Después de todo, es una de las fórmulas para salir del subdesarrollo.

23 de abril de 2006

Las novedades y las fábulas


Esta semana tuve la oportunidad de ver, en un diario de circulación nacional, probablemente uno de los más duros ataques a la fe católica por parte de un “artista” que exhibiría en Santiago sus supuestas “obras de arte”. No vale la pena entrar en detalles, no seré yo quien ayude a propagar esa basura.

No se trata de beatería ni de intolerancia, pero así como la sociedad puede clamar por mayores niveles de seguridad o de bienestar material, resulta preocupante que no exista un acuerdo al menos tácito en la sociedad chilena de los márgenes de la tolerancia o el respeto por los credos religiosos. Actualmente, como pocas veces en la historia, se han conocido iniciativas que barren el piso con el cristianismo, en especial en el ámbito artístico, y no sólo a nivel nacional sino también internacional. Los dogmas de fe son el pasto favorito para engrosar las arcas de canales de televisión y compañías cinematográficas, cuya última novedad es la creación de obras que descalifican o ponen un manto de duda sobre el cristianismo.

Hoy atacar al cristianismo debe ser uno de los ejercicios más baratos que existe. Quien hace mofa de la fe parece saber de antemano que va contra un grupo de personas que cree firmemente en aquello de “poner la otra mejilla” y, en consecuencia, no teme saltar volando por los aires o morir acribillado por una ráfaga de ametralladora, como ocurriría si los dardos apuntaran a la fe islámica. La cuestión es estar de acuerdo en que los mismos que hoy están siendo atacados han hecho más que nadie por atender al pobre y al que sufre, en cualquier lugar del mundo y con mayor razón en América Latina, donde la influencia del cristianismo ha sido innegable; y no sólo en momentos tan terribles como cuando se reconoció a los nativos como personas, sino además en cada oportunidad que el Estado ha ido sobre quienes piensan diferente.

¿Cuál es el límite de la tolerancia? Simplemente el respeto. La diversidad no puede ser la coartada para llevar a Occidente a la intolerancia religiosa que nace de la mofa. La vara con que algunos sectores están midiendo a la religión les lleva a basurear culturalmente al cristianismo. ¿Puede sostenerse en el tiempo una civilización que no respeta el afán de trascendencia de sus miembros? El cristianismo no es agresivo con las opciones no creyentes ¿y por qué aquellas le combaten, como si creer en Dios fuera un cáncer social?

A propósito de estas cuestiones, el Viernes Santo en Roma, el predicador de la Casa Pontificia P. Raniero Cantalamessa aseveraba que “si todas las Biblias del mundo fueran destruidas por alguna catástrofe o furor iconoclasta y quedara sólo una copia, y también ésta estuviera tan dañada que sólo quedara una página entera, e igualmente esta página estuviera tan estropeada que sólo se pudiera leer una línea: si tal línea es la de la Primera Carta de Juan, donde está escrito: “Dios es amor”, toda la Biblia se habría salvado, porque todo el contenido está ahí”. Parece suficiente para exigir respeto.

16 de abril de 2006

El descuartizado


9 de abril de 2006

Hans Pozo Vergara era un muchacho como tantos que pueblan la marginalidad urbana. De una familia numerosa, dicen que fue repudiado en su infancia porque, a diferencia de sus hermanos todos morenos, el niño era rubio.

Aprendió a delinquir en la calle y se familiarizó con el hurto. De ahí a la pasta base como tantos otros. Cárceles y casas de acogida fueron su mundo natural, hasta que fue regado en pedacitos por todo Santiago, y un perro de la calle apareció con el pie izquierdo de Hans en el hocico. De ahí a la fama sólo un paso. Esta semana fuimos bombardeados con todos los detalles del caso, y en una novela por entregas que seguía cada mañana con los primeros noticiarios, se fueron develando las incógnitas. Qué notable aquel desacierto del retrato que pretendía reconstruir el desfigurado rostro del muchacho.

Todos los crímenes como el de Hans Pozo Vergara siempre tienen un efecto mediático transitorio, dado más por la espectacularidad que por las causas que lo motivan. Si encuentran al victimario, bastará para cerrar el capítulo y todo el mundo volverá a dormir tranquilo, porque el síndrome de “Jack el destripador” se habrá conjurado, y nadie verá sombras en el jardín blandiendo una motosierra. Pero más allá del impacto casi morboso que motiva programas especiales contando la historia del marginal, nadie se detiene un momento a pensar en las causas que incidieron en Pozo Vergara para ir cuesta abajo hasta terminar convertido en un puzzle. La fotografía de la víctima, mirando al frente, que según entiendo la obtuvieron en la cárcel de San Miguel donde estuvo recluido, ahorra todo comentario, porque es la típica que se hace en los penales cuando la persona entra por primera vez, y antes de ser puesto en la celda, es instalado de espalda a una blanca pared, e inmortalizado para la larga lista de infractores de ley. Como seguramente no habrá primera sin segunda, esa foto sirve para futuras investigaciones, o en este caso para identificar un muerto.

Muchos crímenes y delitos son evitables.Hay ciertas conductas de riesgo que pueden ser conjuradas a temprana edad, como el vulgar “callejeo”, o el abandono familiar, o la ignorancia. Políticas públicas que fortalezcan a la familia y la mantengan unida dentro de rangos mínimos de bienestar económico, son el comienzo de la erradicación de la delincuencia, al menos aquella que hunde sus raíces en los factores de siempre.

No conozco el caso en detalle, pero es muy probable que en la cadena de situaciones que convirtió a Pozo Vergara en un infractor, deben estar presentes las adicciones.La reacción natural de la prensa para catalogar el crimen de “venganza entre narcos”, es el sentido común perfecto de una sociedad que adivina las causas, pero no las combate con la eficacia que se requiere.

Pozos Vergaras los hay con papel calco en todo Chile, pero la gran mayoría sólo asoman cuando delinquen o mueren, mientras tanto es el anonimato el que los cobija, y la complicidad de una sociedad que no ha aprendido a evitar su existencia, con formas de prevención del delito que se anticipen tempranamente a los finales repetidos.

El ruido de los vecinos


2 de abril de 2006

Revisando antiguos archivos de mis columnas llegué hasta una de agosto de 2001. Se llamaba “El sueño del mayor Humala”, y la escribí a propósito de una entrevista que el personaje dio a la revista peruana Gente, ataviado con ropa de combate. La bajada lo decía todo: “¡Debemos recuperar el Huáscar y Lagos no debe venir!”. Toda una joya, la entrevista proponía incluso tomar el Huáscar por la fuerza y llevarlo a Perú. Eran los días del Clan Zevallos y el asunto de Aerocontinente, la compañía que fue acusada en Chile de lavar dinero. Los peruanos lavaban la bandera chilena frente a nuestra embajada, todo extraordinariamente antichileno. En aquel entonces, Humala era sólo un militarito latinoamericano con cierta propensión a la escandalera armada, que había liderado un levantamiento contra Fujimori.

Y vea cómo han cambiado las cosas.Humala lidera las intenciones de voto para convertirse en Presidente, mientras Fujimori yace en prisión preventiva en la Escuela de Gendarmería, ocupado como está de los jardines del recinto y de la conspiración política, en un esfuerzo supremo y pertinaz de volver a Perú. Y allá las cosas no cambian demasiado desde entonces. Mamá Humala quiere fusilar a todos los que comparten preferencias con el escritor Jaime Baily. Antauro Humala, el hermano del presidenciable, otro ex militar con tendencias a la escandalera, también ofrece fusilamientos para el Presidente Alejandro Toledo, su cónyuge y los 120 congresistas, entre otros a los que ha llamado “traidores a la patria”. Papá Humala, el inspirador del “etnocacerismo nacionalista” propone que hay una raza elegida, indígena y mestiza. Los culpables de todos los males peruanos son los chilenos, por cierto. Cualquier parecido con otras ideologías es pura coincidencia. Lo curioso es que hay un sector del país que lo apoya y de verdad cree que Ollanta Humala está en lo cierto, y puede llevar a Perú por el camino de la prosperidad.

Luego que la mamá y el hermano amenazaron con fusilar a medio país, el candidato dijo que está “alejado” de su familia, pacificó algunos grados el discurso antichileno, y no ha emitido opinión alguna del tipo de “los chilenos nos han usurpado el suspiro limeño, el pisco sour y la papa”.

Por cierto, su única gran interrogante es ¿por qué Chile compra tanto armamento? Espero no referirme jamás en el futuro a esta columna, y que quede olvidada como debió haber permanecido aquella de agosto de 2001. Hay algo en Humala que inquieta, probablemente aquel populismo de corte militar tan en boga en Venezuela, o esa obsesión indigenista al estilo boliviano.

Quizá no es más que ese olor a pasado rancio, propio de aquellos líderes que con tal de perpetuarse son capaces de cualquier demencia, así como Galtieri atacando las Malvinas. Y aquí nosotros tan tranquilos, como los nuevos ricos del barrio, con un cobre que llega a las nubes y un país que, hasta ahora, funciona con un piloto automático puesto hace ya un par de décadas. Nuevos tanques Leopard y aviones F-16, la pura y necesaria disuasión para seguir viviendo en paz.

La ciudad virtual


26 de marzo de 2006

En los sesenta, cuando Estados Unidos concibió internet como una red militar que sirviera de alternativa a las comunicaciones durante una guerra nuclear, jamás imaginó que la idea cambiaría al mundo y muchas conductas humanas.Primero fueron algunas universidades las que entraron en la red, y así fue creciendo como una verdadera telaraña, cambiando las costumbres de la gente.

Internet reemplaza paulatinamente al aparato de radio. Ya no necesita tener el artilugio aquel conectado a la red eléctrica; basta con buscar la página de la emisora que se quiere sintonizar, y ya está. Aun tímidamente, ha ido desplazando al televisor, toda vez que muchos canales pueden sintonizarse directamente a la web; y en lo que a video se refiere, existen numerosos sitios donde se puede arrendar una película y verla en pantalla.

La forma de comprar música también ha mutado, porque si usted quiere un determinado álbum, basta con bajarlo previo pago de una ínfima suma de dinero. Qué decir de las formas de investigación: hoy un escolar que necesita saber sobre cualquier tema, sólo teclea las palabras adecuadas en un buscador y cientos de páginas entregan la respuesta. En el ámbito del periodismo escrito, baste decir que es posible que usted esté leyendo esta columna en su computador.Como si lo anterior no fuera suficiente, lo más espectacular ya está entre nosotros: me refiero a la forma de comunicación por voz que reemplaza al teléfono, donde basta “llamar” al computador del usuario con el cual queremos conversar.

Pero eso no es todo, hay programas que mediante una cuenta y un precio irrisorio permiten llamar a un teléfono convencional o un celular ubicado en cualquier parte del mundo. ¿Se imagina el problema que enfrentan las compañías de telecomunicaciones, acostumbradas como estaban a controlar el mercado? Hace apenas treinta años, en Chile existían los teléfonos de magneto y una operadora permitía sostener una conversación entre usuarios, a precios que no estaban al alcance de cualquier bolsillo.Hoy todos pueden comunicarse sin el auricular ni el discado.

Internet es la competencia absoluta. Es difícil que alguien pueda controlar los servicios que se ofrecen en la red, si no es mediante el mejor servicio posible. El único que gana es el usuario, que ve multiplicadas por cientos de millones las posibilidades de obtener lo que busca, al precio que puede pagar. Ningún gobierno democrático podría controlar el flujo de información: con sólo reconocer la libertad de emitir opinión o de comunicarse, el flujo de servicios se proyecta al infinito.Por eso resulta tan importante considerar que si de mejorar la educación se trata, la alfabetización digital ocupe un lugar preponderante. Así por ejemplo, un niño puesto frente a una página web en inglés, ante la imperiosa necesidad de entender lo que dice, estará en mejor posición de aprender un idioma que cualquiera de nosotros en la tradicional clase de tiza y pizarrón. En suma, la red ya no es sólo conocimiento, sino la ciudad virtual que nos hace más libres del poder estatal.

Tropezar dos veces


19 de marzo de 2006

La iconografía política latinoamericana tiene en Evo Morales a un nuevo protagonista, un líder digno de un afiche colgado en la pared del progresismo de izquierda. Su estampa indígena, la ausencia de toda formalidad en el vestir y las chaquetas cortas son sólo comparables a la simbología de la pipa del subcomandante Marcos, o el traje verde olivo de Fidel. Durante el reciente cambio de mando en nuestro país, las cámaras de TV no le perdían gesto, atentos a cualquier detalle u opinión, siempre cubierto por palabras de buena crianza. Evo es un líder que sabe lo que hace, al menos en sus relaciones públicas.Si es el enviado que restablecerá las relaciones con Chile, sólo el tiempo lo dirá.

¿Gas por mar? Convengamos que nosotros entregaríamos un bien permanente, a cambio de otro que dependería estrictamente de la voluntad política de Evo.Nunca olvido cuando se planteó lo del gasoducto trasandino. Escribí entonces una columna donde dije que a largo plazo no podía prosperar, no sólo por razones geopolíticas, sino además porque nuestros socios no daban garantías de seriedad, no en ese tema. Y así fue. Porque es lógico que todo país que se hace dependiente energéticamente de otro, tarde o temprano paga altísimos costos, y se encuentra expuesto a los vaivenes políticos y económicos del socio. Es como un cordón umbilical que en cualquier momento puede interrumpir el flujo, con el agravante que el mundo actual se encamina hacia severos problemas energéticos.

Repasemos la proyección actual de Bolivia, nuestro hipotético socio energético. Sólo la noticia de que el fiscal general ha presentado un requerimiento para procesar a tres ex presidentes, Jorge Quiroga, Gonzalo Sánchez y Carlos Mesa, por violar la ley en la suscripción de contratos petrolíferos con Repsol, YPF, British Petroleum, British Gas, Exxon, Petrobras y la argentina Pluspetrol, entre otras, augura al menos conflictos internos y externos. Si a eso agregamos que en Potosí han comenzado los típicos movimientos sociales que cortan las carreteras, en demanda de cuestiones tan básicas como la educación, o que agricultores protestan por el supuesto trato discriminatorio recibido por algunas comunidades, vemos que más allá del presunto carisma del nuevo Presidente, el país sigue teniendo problemas de inestabilidad, de aquellos que nunca se sabe como terminan.

Pero vivimos en este barrio, y hay que convivir con los vecinos, así que es mejor el diálogo. Al menos en lo externo, Bolivia exhibe un líder que se ha posicionado en el ámbito internacional, siempre cálido con fenómenos políticos originales como Evo Morales. Cuestión distinta es la suerte final del caudillo, a manos de una sociedad extraordinariamente demandante, con grandes carencias sociales y profundas fragmentaciones culturales, que cada cierto tiempo la convierten en un polvorín. En política, la imagen no lo es todo, y me temo que en el fondo de la política exterior chilena sigue incólume la idea de que el mar es y seguirá siendo chileno. La experiencia del gasoducto trasandino debería hacer meditar a quienes tengan la idea de negociar energía con Bolivia.

La historia de A y B


12 de marzo de 2006

¿Cuáles son los límites de la acción del Estado? Muchos. No sólo los derechos humanos, sino también el lugar que ocupan instituciones tan importantes como la familia.En Chile se dice que ésta es el “núcleo fundamental de la sociedad”; sin embargo, frente a ella el Estado suele actuar por omisión, como cuando no implementa políticas eficaces para su fortalecimiento por la vía de otorgar mejores condiciones sociales en el ámbito educacional o de salud.

Si uno abre la ventana y mira para otros territorios, ve cómo en el afán de desdibujar el rol de la familia algunas administraciones llegan a cuestiones absurdas, que ofenden la inteligencia de la gente.España es un buen ejemplo. En el Boletín Oficial del Estado se publicó una orden emanada del Ministerio de Justicia que dispone la confección de un nuevo formulario en el libro de familia, donde ya no se utilizarán los términos de “padre “ y “madre”, sino de “progenitor A” y “progenitor B”. No hay otra forma de compatibilizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, que incluye la adopción de niños.

José Luis Rodríguez Zapatero ha abierto paulatinamente el camino a un modelo social donde hasta la terminología tradicional ha sido cambiada por aquella idea de que usted podría llamar perro al gato y viceversa, simplemente porque los nombres son creados por el hombre y pueden ser cambiados a voluntad (Umberto Eco, no me digas que te has convertido en asesor legislativo de Zapatero). ¿Se imagina la proyección que ello tiene en el lenguaje, y de ahí a los valores? “Pedrito, mañana debes venir al colegio con tu progenitor A”. Juanito ya no aprenderá en la escuela que debe respeto a su madre, sino al progenitor B. Aunque debo aclarar anticipadamente que no tengo idea quién es A o B en la nueva orden del Boletín de Justicia.

Probablemente, usted es de los que aprendió las cosas por su nombre. Pero en el nuevo lenguaje español es posible que la ley de divorcio incluya, como nueva causal, algo parecido a una ecuación matemática del estilo “el vínculo matrimonial puede terminarse cuando A menos B es igual a C”. Y para repartir los bienes luego del divorcio podría establecerse una solución del tipo “A más B es igual a un medio A y un medio B”. Es posible que en un nuevo boletín se incluya la orden para que luego de contraído el matrimonio, quien lo celebra esté obligado a decir “A puede besar a B”.

Es posible gobernar al pueblo a través de imágenes. Es una religión laica, donde los rituales, las denominaciones, todo viene del Estado, los ciudadanos rinden culto y existen las canonizaciones republicanas. Las personas pueden ser denominadas con una letra del alfabeto en sus cuestiones más íntimas, que para muchos son sagradas, en una nueva forma de entender la tolerancia, donde “arriba” puede estar “abajo”, simplemente porque se propone que eso es el derecho a pensar diferente. Y lo paradójico del asunto es que cualquiera que pretenda alzarse contra la religión laica será catalogado inmediatamente de hereje y condenado al nuevo fuego eterno del nuevo infierno. Me temo que la tolerancia y la libertad van por otro lado.

Dos más dos cinco

5 de marzo de 2006

Vivimos un mundo de pendrives, palms y computadoras que rebasan gigabytes. Es normal para cualquier niño despertar con la tecnología rodeándole por todos lados. El asunto se ha convertido en un gancho comercial ahora que comienzan las clases y se proyecta la imagen de que sin computador no se es nada. El arquetipo es el escolar frente a la pantalla conectado a internet.

No dudo que son herramientas indispensables. Pero sigo pensando que más allá de todo eso, siempre será más importante que un niño adquiera, de buena forma, un conjunto pequeño pero poderoso de habilidades, que se reducen a saber leer, escribir y comprender y, en otra área, las cuatro operaciones y el tanto por ciento.

Por supuesto que llegando a cuarto básico, de sobra deberían manejarse en tales cuestiones. Sin embargo, el estado actual de la educación nos dice que eso no es posible. Leo que en los últimos años seguimos estancados, como lo demuestran los recientes resultados del Simce de los cuartos básicos, donde una vez más quedan al descubierto las grandes brechas entre la educación pública y la particular pagada y esta vez sí que habrá un plan de mediano plazo tendiente a equiparar ambos mundos, según se escuchará como siempre ocurre, y tendremos la sensación de que el país continúa funcionando a la perfección, porque identificado el problema, surge una vez más el buen deseo.

Podrán pasar muchos gobiernos, de todos los colores, y por todos los períodos que usted quiera, pero jamás habrá equidad ni igualdad de oportunidades, mientras subsistan las abismales diferencias en materia educacional y qué decir de la salud.
Podremos tener carreteras espaciales y wifi en cada esquina de la ciudad, pero si un grupo importante de niños continúa recibiendo educación de mala calidad, seguiremos teniendo grandes capas sociales sometidas al sueldo mínimo, la pobreza y la marginalidad. Todo niño que no sabe sumar o restar, es potencialmente un jornal o, peor que eso, si le añadimos el abandono familiar, un futuro transgresor de la ley.

Por eso es que me pregunto cuándo llegará de verdad el momento en que se acorten las brechas que tanto mal le hacen al país.Crecemos sostenidamente desde hace años, pero ¿algún economista podría explicarme por qué la educación continúa con el mismo déficit de siempre? ¿es que los recursos se malgastan? ¿los profesores no hacen su pega? ¿los niños son incapaces? ¿o, simplemente, es funcional a todos, sin distinción de colores, generar una mano de obra barata en el tiempo? De mis compañeros en los primeros años en la escuela pública, prácticamente nadie llegó a la universidad. Bueno, eran los tiempos en que llegar a la educación superior suponía méritos intelectuales, no como hoy que puedes convertirte en sicólogo o ingeniero comercial por internet. Pero por ahora éste no es el tema sino, simplemente, el deseo de saber que por un momento, alguien se tomará en serio esto de nivelar ambos mundos educacionales. Tiendo a pensar, incluso, que en este tema nos jugamos el desarrollo definitivo, porque nada sacamos con exhibir tremendas cifras económicas, si como país seguimos partido en dos, los que están en condiciones de llegar a saber muchas cosas y aquellos que, al cabo de muchos años, salen igual de ignorantes que como llegaron.

Sunday, February 26, 2006

Zapatos con radio

26 de febrero de 2006

El niño entró a la gran tienda de la mano de sus padres, y los arrastraba como si llevara tras de sí un par de mascotas. Enfrentó con aire decidido al vendedor y le dijo: “Quiero un par de zapatos de esos que vienen con una radio de regalo”. El vendedor le preguntó: “¿Con o sin cordones?”. Y el mozalbete le contestó: “Me da lo mismo. ¿Puedo ver la radio?”.

Los de marketing deben estar sobándose las manos. Que un pequeño de no más de diez años entre así a la tienda, a comprar los “zapatos que vienen con radio”, da por tierra con aquella teoría de los ingenieros, de que el marketing son un grupo de ineptos que discuten la forma de convencer a la gente que las piedras son comestibles, como leí una vez en las tiras de Dilbert, la genial creación del caricaturista Scott Adams. Pero aún mayor es el grado de distorsión de esa vuelta a clases, porque... ¿zapatos con radio?, ¿radio con zapatos? Siempre creí que los zapatos eran simplemente eso, zapatos, y que quienes teníamos la suerte de contar con ellos, especialmente en el colegio, debíamos cuidarlos al punto de incluso lustrarlos. No hace mucho tiempo, en las escuelas públicas era común ver niños sin zapatos, o con zapatos plásticos. La invasión china y el aumento del nivel económico nos niveló un poco, al menos en ese tema, pero no en la calidad de la educación.

Ir al colegio en estos días es una verdadera ceremonia. En aquellos años, aún en colegios particulares pagados, como aquel de huasos brutos al que tuve la suerte de asistir, bastaban los cuadernos y los lápices. Hoy no es suficiente. Veo en la lista de útiles hasta un diccionario de inglés con CD ROM, y creo que eso está bien, porque confío profundamente en el proyecto educacional al que le entrego mis hijas, pero mientras me entretenía hojeando libros de editoriales desconocidas y conocidas, pensaba que aún en este tipo de cosas se nota la inmensa brecha educacional que separa a unos de otros. Dificulto mucho que en las escuelas públicas existan los recursos educativos con que algunos tenemos la suerte de contar. Aquellos niños parten con desventaja la carrera por los liderazgos sociales, y muchos de ellos incluso se ven obligados a desertar a temprana edad, porque dos manos sirven para llevar el puchero. Pero allá, en el otro extremo, están estas distorsiones, el niñito para el cual es natural comprar “zapatos con radio”. Y ya me imagino cómo irá a hinchar en clase con la famosa “radio”, hasta que algún profesor de esos de verdad le quite el aparato, intentando volverlo a la realidad, en un ejercicio que por estos tiempos, en varios casos por desgracia, es perfectamente inútil.

No pretendo ser anacrónico. Muy por el contrario, creo que el interés de todo ser humano por la música es una cuestión imprescindible. Soy de aquellos que le gusta oír lo que escuchan mis hijas, para saber y compartir. Creo que “Simple plan” y “Black Eyed Peas” tienen algunos temas notables. Pero aquella escena me dejó con la idea de que, aún quienes tenemos la ventaja de educar a nuestros hijos, debemos estar muy atentos a las distorsiones que crea el mercado. Conversarlas con un lenguaje claro y comprensivo para que ellos, los más pequeños - en mi caso las pequeñas-, sepan perfectamente el peligro de vida que conlleva confundir un par de zapatos con una radio.

Friday, February 17, 2006

Una víctima inocente

12 de febrero de 2006

Imagine que su vecino es socio del Deportes Concepción, de aquellos con carnet y bandera. En las actuales circunstancias, ¿estaría dispuesto a tocarle la puerta y reírse a mandíbula batiente de la muerte del club? O peor aún, ¿le rayaría el auto con gruesos epítetos o enviaría un fax a su trabajo, con algunas palabras burlonas y ofensivas? Su sentido común le dice que no, en primer lugar porque usted sabe que debe respetar a los demás, nadie va por ahí molestando al prójimo; en segundo lugar, porque como su vecino no está obligado a soportar sus payasadas, es posible que tenga una reacción de aquellas que le entintan los ojos, y tendría al menos un atenuante en el juicio por lesiones. En un segundo ejemplo, ¿usted golpearía un avispero con la mano? O en un tercero, en el próximo circo, ¿entraría así sin más a la jaula de los leones, esperando un recibimiento amable? Entonces, ¿a pito de qué las caricaturas de Mahoma con una bomba en el turbante? ¿Es que acaso la libertad de una sociedad se mide por la capacidad de sus miembros para ofender al resto?

En Estados Unidos, tan libres ellos, los editorialistas están de fiesta. Brian Farrington dibujó una calavera titulada “el rostro de Mahoma” y ha escrito sobre ella palabras tales como “odio”, “terrorismo”, “intolerancia” “muerte” y otras por el estilo. La variante no se ha dejado esperar y un creativo usó el mismo dibujo para escribir “el rostro de Jesús”, rayando sobre ella palabras tales como “odio”, antisemitismo”, intolerancia”, “muerte”. Ambas calaveras publicadas en el blog del dibujante Daryl Cagle.


Los dibujantes parecen ignorar que el pasado domingo fue asesinado un sacerdote italiano en Turquía. Había terminado la misa, y un joven de 16 años ingresó en el templo gritando “Alá es grande”, para luego descerrajar varios tiros sobre la víctima.Cuando fue detenido, confesó que lo había matado por lo de las caricaturas de Mahoma.No es nuevo que mueran sacerdotes, pero vea usted como un asunto en el cual los católicos nada tienen que ver, rebota de manera tan trágica, justo cuando el Papa Benedicto XVI se había pronunciado en favor del respeto a las creencias religiosas. ¿Habrá llegado el momento en que se haga entender al mundo islámico que no todo el mundo occidental forma parte de la guerra? Digo, para que no vuelvan a incendiar una embajada de nuestro país, como ocurrió en Siria.

La intolerancia no sólo consiste en evitar que otros se manifiesten, sino que roza peligrosamente aquellas conductas en las cuales, por pensar diferente, se debe exterminar al adversario. En la guerra que libra Estados Unidos contra el terrorismo, comienzan a aparecer las primeras víctimas inocentes, como el sacerdote católico Andrea Santoro, quien a diferencia de otros occidentales, sólo buscaba ser un puente entre oriente y occidente. Otra curiosidad es que la noticia de la muerte pasó casi desapercibida en la gran mayoría de los medios occidentales, como si los afanes estuvieran enfocados solamente en la guerra, tan incomprensible como inútil, como todas las guerras que se hacen contra el que piensa diferente.

Tuesday, February 07, 2006

Una vuelta mas y llegamos

5 de febrero de 2006

Pasarán muchos años antes de que tengamos un sistema acusatorio maduro, en todas las áreas del derecho. Lo ocurrido en los tribunales de familia demuestra cuán problemático es mutar de una forma totalmente escrita a otra oral, donde me temo, la participación de abogados será cada día más importante. Pero no de cualquier clase de abogados, sino de aquellos con sólidos conocimientos de derecho y especialmente con destrezas en litigación; porque es muy diferente tener la tranquilidad de los plazos, cuatro herméticas paredes y la máquina Underwood, que sortear la dificultad de argumentar ahí mismo, frente a jueces profesionales y al cliente, que ve todo lo que ocurre, como siempre debió ser.

Seamos serios, en un modelo oral hay que saber más derecho y destrezas nuevas, y eso puede ser otro severo problema para el necesario reciclaje que debe tener el sistema. Cuando miro a Estados Unidos y veo el nivel de las discusiones jurídicas, siento una muy sana envidia.

El derecho de daños, por ejemplo, tiene un desarrollo fantástico; la industria farmacéutica y las tabacaleras en numerosas ocasiones han sido objeto de juicios por usuarios que han sufrido las terribles consecuencias de algunos productos. Leo en el diario que la Corte Suprema estatal de Oregon ha condenado al gigante Phillip Morris a pagar 79,5 millones de dólares a la familia de un fumador que murió de cáncer. La tabacalera llevará el asunto a la Suprema Corte, porque se ha violado aquella regla establecida en el 2003, según la cual las sumas a pagar no pueden exceder los daños reales. Eso es derecho. Aclaro que las demandas poco serias no tienen cabida.

Aprovechando mi permanencia aquí bajo las copas de los árboles, leí “La citación”, uno de los libros del colega John Grisham que tenía pendiente hace algún tiempo. Nuevamente aparecieron los daños y las demandas masivas como temas clave de una excelente novela de abogados; al igual que aquella otra que leí hace algún tiempo, “El rey de los pleitos”, donde con aguda certeza y en un lenguaje simple el autor muestra el desarrollo de áreas de litigación que en Chile permanecen inexploradas. Son temas civiles más que criminales, pero cuando uno pasa por www.findlaw.com y busca noticias del área penal, ve de nuevo con sana envidia que no les interesan los hurtos simples como piedra angular del sistema. Y allá también se cometen delitos contra la propiedad.

Dotaciones de jueces, plazos para las audiencias, sobrecargas de trabajo, todo es importante, pero me temo que jamás avanzaremos si no existe de manera permanente una genuina vocación de estudio, de descubrir nuevos temas que pongan a prueba los sistemas. Todos los esfuerzos en tal sentido serán bienvenidos por una comunidad que, me parece, ya tiene bastante de encuestas sobre tópicos tan esotéricos como “el índice de temor ciudadano”. Quizás haya que esperar un tiempo más, pero mientras más pronto madure el sistema, más rápido se verán cubiertas las necesidades de justicia de la gente en otras áreas que hoy siguen intactas.

La magia de los arboles

29 de enero de 2006

"A todo lo que aspiro es a una siesta bajo un árbol". La frase no es de ningún filósofo decimonónico o algún liberal de izquierda, de aquellos tan famosos por estos días. La frase es mía, y la dije hace unos minutos atrás mientras pensaba cómo hilvanar estas líneas. El tiempo apremia y el editor no tiene contemplaciones, caramba. Rodeado de verde -no estoy en una comisaría, por cierto- y luego de varios meses de deambular de aquí allá con una mochila demasiado cargada de problemas ajenos y otros muy propios, lo único que se quiere es poner la mente en blanco.

Gotan Project, la nueva revelación del tango electrónico que ha parado los pelos a los puristas de Buenos Aires, suena en mi recargado iPod, y una suave brisa invita a la siesta. O estoy muy cansado o eso de que la naturaleza invita a la reflexión es una mentira perfecta. Al tipo aquel que se le ocurrió la ley de gravedad cuando le cayó una manzana sobre la cabeza, el asunto le vino del cielo, no me vengan con que estaba en una posición reflexiva pensando en el movimiento de los planetas o qué sé yo. El sujeto estaba flojeando y la idea le vino sin aviso. Y aquel otro que sumergido en la tina de baño llegó a la conclusión que su cuerpo desplazaba hacia afuera la misma cantidad de agua que su masa, simplemente, holgazaneaba en las tibias aguas; y si en el mundo antiguo hubiera existido el pisco sour, seguro que tenía uno al lado de la bañera, con algo para picar, por cierto.

Necesitamos el ocio, sentir que se rompe la monotonía. En el mundo que nos toca vivir, a veces tan poco amigable con el ser humano, donde la imagen lo es todo y vivimos rodeados de dueños de la verdad e "inquisidores de la nueva moral", resulta sanador retirarse de todo aquello y venir a las raíces donde comenzó todo. Otros prefieren la bulla de los balnearios de moda, a mí me basta con las montañas y los árboles. Después de todo, en estos parajes vivieron nuestros antepasados, los que sobrevivían sin tener que pagar cuentas ni rendir cuentas. Ya habrá tiempo para volver a la realidad donde todos juzgan a todos, y al país donde la moda es hacer creer a los demás que la Verdad, con mayúscula, está de mi lado, y mis oponentes son unas malditas cucarachas que no conocen la verdad. Sólo nosotros existimos para salvaros, esperad el toque de mi flauta que os conducirá a verdes praderas.

Aquí, recostado bajo un árbol, dudo que la verdad nos haga libres. Después de todo, la única verde pradera susceptible de habitar es aquella que nace del interior de la criatura única e irrepetible que es cada uno de nosotros. Es verdad, el espíritu de Newton y Arquímedes están bajo la copa de los árboles, es aquí donde nacen las ideas. Ahora entiendo porqué el maestro Teillier decía "si alguna vez mi voz deja de escucharse, piensen que el bosque habla por mí con su lenguaje de raíces". Pero no abusemos de las ideas, por ahora sólo prefiero una siesta, una muy disfrutada siesta, aquí, tendido en el pasto y bajo la copa de los árboles.

Convicciones equivocadas

22 de enero de 2006

Nadie que sea llevado al banquillo de los acusados recordará el incidente con nostalgia. Más allá de los sistemas penales, los errores judiciales existen, porque se trata de humanos que juzgan a humanos; por lo tanto, es una actividad falible. Cuando se cambia la llave de la condena de un sistema cuyo estándar de prueba está severamente fijado por la ley, a otro donde la convicción del juez es la “duda razonable”, con una limitación tan frágil como “la lógica, las máximas de la experiencia y los conocimientos científicamente afianzados”, por cierto que la labor de asignar responsabilidades es aún más delicada. Y tarde o temprano, por una cuestión de simple sentido común, algún tribunal se equivocará, y enviará a un inocente a prisión, por muchos años; me refiero a una condena, porque en nuestra nueva forma de hacer justicia, hay casos célebres de errores que afortunadamente no terminaron en condena.

En Estados Unidos, saben de estas cosas. Ellos hablan de “wrongfull conviction” o “convicción errada”. ¿Qué lleva a un juez a equivocarse y dar con los huesos de un inocente en la cárcel? Factores como una errónea identificación del presunto culpable por parte de la víctima; confesiones falsas u obtenidas bajo presión; pruebas erróneas de ADN; testigos que mienten o soplones que por algún beneficio delatan a un inocente, especialmente en la cárcel; procedimientos policiales errados o defectuosos, y un largo etcétera. ¿Y cómo se protege la verdad? Luego de haber constatado la existencia de múltiples errores, algunos con pena de muerte cumplida, nacieron organizaciones como “Innocent project”, de la Benjamin N. Cardozo School of Law. Dos profesores, Barry C. Scheck and Peter J. Neufeld, crearon en 1992 una clínica con estudiantes de derecho que se dedica a buscar casos de personas que han sido condenadas erróneamente, analizando pruebas como el ADN en delitos muy graves. En la página web del proyecto (www.innocentproject.org), hay múltiples casos de quienes han sido rehabilitados luego de haber cumplido decenas de años, incluso en el tristemente célebre “corredor de la muerte”, donde dan la batalla legal aquellos condenados a pena capital. Muchos son tipos marginales, negros o desempleados. Nada nuevo bajo el sol.

Tarde o temprano, en nuestro sistema de justicia podrían darse casos como los de Norteamérica. ¿O usted se atrevería a afirmar que el veredicto de un tribunal es infalible? En Chile no hay instancias que se preocupen de analizar si la decisión condenatoria contra la cual ya no proceden recursos fue errada o no. Existe en nuestra cultura la idea de que una persona, por el hecho de ser puesta frente al sistema, debería ser culpable, incluso más allá de una sentencia absolutoria, que se atribuye en no pocos casos a la mano blanda del tribunal o a “tecnicismos”. ¿Que ocurrirá en Chile la primera vez que se demuestre, luego de muchos años de cárcel, que se ha condenado a un inocente? ¿O usted cree de verdad que eso no es posible? En EE.UU. las evidencias se guardan por muchísimos años, en Chile se devuelven o destruyen. Una reforma legal podría permitir su conservación, para evitar algún acto de barbarie.

Sudoku

15 de enero de 2006

Como era obvio, la navidad pasada estuve en las jugueterías y me impresionó el nivel tecnológico de los juguetes. No se trata solamente de aquellas muñequitas anoréxicas creadas por Ruth y Elliot Handler hace 40 años, y que cada año agregan más adminículos a una larga colección de personajes. Ahí estaban también las naves de Star Wars, el sable láser o las réplicas perfectas de modernos autos de marca.En las niñitas la orientación va hacia la moda y la apariencia externa, en los niños derechamente el conquistar el mundo. Aunque se nos queda afuera toda la gama de juegos que llegan en línea a través del computador, o aquellos que las compañías de software se encargan de poner en vitrina, y que no siempre llegan a Chile, pero que obnubilan a los niños que mueren una y otra vez, virtualmente por cierto, y descubren al menos en el juego, la violencia infinita de la muerte inexistente. Allá en la juguetería, cuando el vendedor se acercó solícito a preguntar qué buscaba, casi le respondo “¿tiene un trompo, un emboque o un calidoscopio, quizá un volantín?”.

Necesitamos jugar y divertirnos, no sólo cuando somos niños, también cuando crecemos, sobre todo cuando ser un poco niños se convierte en un desafío permanente para derrotar el tedio y la negrura de la vejez espiritual. Pero la entretención pasa a menudo por lo sofisticado, los deportes extremos, los de moda, todos los cuales exigen raquetas, pelotas, alas artificiales, dos ruedas montadas sobre un arco de metal, un motor opcional, cambio de vestimenta, un lugar especial para practicar. Todo lo complicada que puede ser la vida moderna, incluso para pasar un buen rato.

En eso estaba cuando un día reparé en un cuadrado parcialmente lleno de números, en un periódico cualquiera. La cosa más simple del mundo. Tres campos de tres por tres en un total de veintisiete. Y las reglas más simples que se puedan concebir. Cada fila con los números ordenados del uno al nueve, sin repetirse ni para abajo ni para el lado, ni para ningún lado. No necesitas más que un lápiz y algo de pensamiento lógico, ese que se ve tan escaso por estos días. El nombre del jueguito “sudoku”, así pronunciado parece propio de una película de japoneses. Pero no, la wikipedia dice que pudo originarse en Nueva York en 1979, publicado por primera vez en Dell Magazines y se cree que fue inspirado en los trabajos de un matemático suizo -era que no- del siglo XVIII llamado Leonhard Euler. Y curiosamente de ahí se fue a Japón, volviendo convertido en la abreviatura de “número solo”.

El asunto es que la simplicidad absoluta del jueguito, para el cual no se requiere hacer alambicadas operaciones de matemáticas ni nada, se ha ido convirtiendo en un fenómeno de masas, y es común ver a personas con un sudoku a medio terminar en el bolsillo, o escribiendo sobre las celdillas mientras se va al trabajo en el autobús. Es como para creer que en un mundo totalmente digitalizado, con pantallas de plasma de 42 pulgadas, DVD y gráfica, hay lugar para una mera operación de observación y lógica, aquellas dos cualidades que crearon la civilización cristiano occidental. Hoy, que el país se juega su destino en alambicados juegos de poder, creo que puede haber espacio para la simpleza de un sudoku.

El fuego de la tribu

Domingo 8 de enero de 2006

En aquel tiempo las vacaciones tenían dos fronteras, la salida y la entrada del colegio, duraban largos tres meses que a eso de febrero ya pasaban volando.

Uno podía acostarse tarde y romper algunas reglas, como en mi caso el silencio sepulcral del internado luego de las nueve de la noche, sorteado con éxito innumerables ocasiones con una radio a pilas y un audífono entrados furtivamente entre las manzanas y las camisas cuidadosamente dobladas en la maleta. Eramos un poco más libres, y como acostumbro decir, la vida se portaba más sencilla. Siempre y por años los mismos compañeros de curso, con el uniforme cuidadosamente arreglado el primer día de clases y los cuadernos nuevos, aquel encanto inicial que a eso de julio literalmente hacía agua por todos lados, allá en el sur. Y cuando repaso la enseñanza básica y media, me doy cuenta que en aquel colegio de animales fuimos creciendo juntos un gran lote, prácticamente sin cambios, todos sobrevivientes. Las fotos del curso son la misma cosa, ocupando casi los mismos lugares, y, por mi estatura, en la primera fila de abajo, sentado.

Hoy todo es diferente, seguramente la movilidad laboral, los “factores del mercado”, o qué sé yo, llevan a menudo a las familias de un lado para otro. Mi Belén y mi María Ignacia llegan al fin de año contando que fulanita o zutanita se van, porque los papas se trasladan de ciudad. Y por alguna razón que sólo los niños entienden, siempre son las mejores amigas de una y otra. Allá por noviembre, como en una muy bien aceitada maquinaria, comienzan las noticias y las despedidas. Y a cambio llegan otras, “las nuevas” que les llaman, esas que en los primeros días no caben en el uniforme nuevo, y se acercan con timidez al cálido abrazo que sólo los niños saben dar, sin intereses de ningún tipo. Y como las amistades de los hijos a menudo son la extensión de nuestras propias amistades, se va tejiendo la vida con la pérdida cotidiana de los afectos, a veces muy queridos.

En el mundo moderno cuesta hacer la tribu. Alguna vez las personas se juntaban en torno al fuego en una amistad infinita. Hoy no queda mucho tiempo para hacer el fuego. Y a veces ni siquiera podemos sentarnos a preparar el fuego. Todo el mundo va ocupado en sus quehaceres. Son ciclos que van desde marzo a septiembre y de ahí a diciembre, y entonces las vacaciones. A menudo el año va marcado por la publicidad que vemos en los medios. Si aparece un bolsón, es marzo; si una cueca, es septiembre; si jo jo jo, es Navidad.

Siempre se dice que nadie está lejos hoy en día, porque existe el e-mail, el teléfono y esas cosas, pero créanme que las maravillas tecnológicas no pueden reemplazar el tintinear de un par de copas, y esa es posiblemente una de las razones por las cuales la vida actual debería ser más amable. Me dirán que el espíritu sureño tiende a ser inmóvil y que eso está mal, porque sólo el movimiento genera progreso. Diré que la vida sin afectos no vale la pena, y que la sociedad no es precisamente amigable con las relaciones humanas. Porque se trata de trabajar para vivir, y no al revés. En fin, como decía el maestro Tellier, a veces “es bueno beber un vaso de cerveza para prolongar la tarde, contarles a los amigos desaparecidos que afuera llueve en voz baja y tener en las manos un puñado de tierra fresca”.